Historia de los objetos I

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Sostenibilidad

La cantidad de objetos que acumulamos hoy en día es cada vez mayor. Porque lo normal es que tengamos más, y no vamos a ser menos que la norma, eso no. La cuestión es, ¿de verdad nos motiva tanto poseer? o ¿es tan importante poseer para que los demás opinen sobre nosotros?

Si no te acuerdas de la mayoría de cosas que posees o usas solo una parte y seguramente ni te enterarías si desaparecen, es que muchas de tus posesiones son compras sin utilidad y que no responden a ninguna necesidad. Si no te has parado a pensar en cada objeto y su uso, te explico tres características que cuentan la historia de los objetos como algo más que objetos.

El factor posesivo. Las posesiones y nuestra imagen frente a la sociedad, la publicidad

La norma en la época de nuestros padres era tener algo de ropa, algún producto de utilidad como una cartera o objetos de papelería, algún día tal vez un coche… En la nuestra la tecnología nos inunda con todo tipo de aparatos, la ropa se renueva cada cambio de temporada, señalamos  a aquel que no tiene un móvil de última generación,… Todo esto nos afecta profundamente a un nivel psicológico: nos sentimos ansiosos cuando queremos comprar algo y no podemos, nerviosos cuando vemos que tal vez no podamos comprarlo, mal por no estar a la última, creemos que somos menos por menos tener. Porque claramente las mejor personas que conocemos son las que tienen los más nuevo, lo que es sinónimo de mejor. Intentamos seguir comprando para ir alimentando esa boca hambrienta por ser, por ser alguien que creemos que los demás ven en nosotros. Damos una impresión al mundo, y eso, creemos, es lo que somos.

Ninguna  de las razones para reponer estos objetos se acerca a lo que justificamos como necesidad, sino una ambición por tener, creer que se necesita un producto determinado para ser un producto determinado. Se nos olvida de nuevo, aunque cada vez nos parezcamos más a  autómatas no somos productos, somos personas.

Y en esa carrera seguimos, sin reparar un momento en nosotros, nuestra identidad, las personas que nos rodean, sin asumir o juzgarlas por la misma razón. Nos metemos en un laberinto en el que cada vez estamos más perdidos, perdemos el contacto con todo lo que nos puede llegar a importar y nos centramos en lo que nos mandan que debe importar.

Documental sobre la obsolescencia programada: Comprar, tirar, comprar

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