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Crónicas veganas I, consejos para la comunicación

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En mis comienzos como vegana cometí muchos errores relacionados con las personas con las que coincidía en diferentes eventos sociales, y gracias a eso he ido aprendiendo a comunicarme con los demás mejor. Ahora entiendo mejor su postura y eso se traduce en en mayor empatía por parte de los demás a las ideas del veganismo.

Mediante varios post que titularé Cronicas veganas iremos compartiendo nuestra experiencia dentro de diferentes situaciones sociales y como les hicimos frente.

Tuve en un caso la suerte de caer en un caserío perdido en los Pirineos, el plato del día era lo único que ofrecían y era carne y más carne. Pero iba en grupo, todo había sido decidido, y yo era la única con una dieta (e ideas) diferentes. Tras apurar un primer plato tocaba el segundo que inevitablemente era carne a la parrilla. En esos comienzos como vegana, y siendo de antes una persona a quien no le gustaba pedir, hice acopio de “echarle cara” y junte todo mi valor. Diez caras miraron hacia mi al mismo tiempo que decía casi imperceptiblemente que yo no comía carne. Uno dijo, “pues pedimos pescado”, – me reí por lo bajini – y yo conteste “cuando digo carne me refiero a carne de cualquier animal”, como medio avergonzada. Entonces, me dijo el camarero “pues te ponemos una tortilla”. Ahi la conversación se iba alargando. Yo intenté acortar la conversación: conteste que comería las “patatas fritas del acompañamiento”. Varias bocas se abrieron para responder negativamente, claramente no podía conformarme con unas tristes patatas. Así que finalmente salió el cocinero, se me acerco y me pregunto amablemente que era lo que me podía cocinar. Tras mucho insistirme le dije que si a una ensalada con vegetales, y el, muy contento, se fue a preparármela. Fue curioso como varias personas quisieron probar de mi comida incluso para el postre (un plato lleno de frutas).

Bien, las conclusiones son variadas, hice muchas cosas mal obviamente, pero eso me sirvió para recapacitar sobre mi capacidad para relacionarme.

Aunque para cualquier vegana/o el tener que responder a un sinfín de preguntas al más tipico estilo de interrogatorio es es lo más corriente, se puede hacer una lectura positiva de cada vez que nos sucede, y se puede ver como una oportunidad para poner varias cosas en valor y aprender a expresar mis ideas mejor a otras personas. Mis mayores fallos aquel día fueron:

  • Predisposición negativa por mi parte. Yo iba con esta idea: Veganos. Una de tantas palabras, pero con muchísimas connotaciones. En muchos casos es casi inevitable que a la mayoría le salga por reaccionar mal hacia alguien que como yo dice “soy vegana”. Y en unos pocos, es un regalo quien no cuestiona sino que contesta con una sonrisa de aceptación. Como yo iba pensando así no les di la oportunidad de ver mi modo de vida como un ejemplo válido sino algo frío.
  • Darle mucha importancia a la opiniones de otras personas. Aunque como respuesta a mi declaración, hubo algunos que no pararon de repetir en toda la comida que les encantaban las chuletas, y de que animales les gustaba más comerlas, como para confirmar su “normalidad” o “virilidad” o lo que tenga que significar. También hubo buenas respuestas: el cocinero fue amable y no se quedo gusto hasta que yo estube llena; y varias personas me pidieron probar parte de lo que comía sorprendiendo a su vez del buen sabor. Pero al fin y al cabo a opinión que mas importa sobre ti es la tuya, y que no te acepte como eres no merece seguir a tu lado.
  • El error de no definirme clara y firmemente, no tener más confianza en mi y en mis valores. Y eso me llevo  una odisea de explicaciones sin fin. E hizo que los demás vieran mis ideas como un engorro, algo difícil de conseguir mantener, ya que con los ingredientes que pedía “no se podia cocinar nada que alimentara”. Cuanto más me costaba contestar cada uno hacia un gesto de incomodidad, más raro les parecía todo. El ser algo ajeno y raro les alejo cada vez de mis valores y fue decisivo para impedir un acercamiento, una conversación de entendimiento.
  • El uso de la palabra carne. Esta palabra desconecta lo que hay en el plato con lo que realmente es: una pierna, un brazo, el pecho,… y para crear una conciencia hay que llamar a las cosas por su nombre: en vez de decir que no comía carne debí decir al menos, “no como animales”.

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